viernes, noviembre 14, 2008

When it rains, it pours

Escrito el 31 de octubre de 2008 durante el panel Revistas culturales latinoamericanas de un seminario de revistas en el que estuve ese fin de semana.

Erre dice que me sacó de la tierra de la soltería y que por eso hace un rato que no escribo. Pero la realidad es que han pasado tantas cosas y este último mes o más ha sido tan lleno de de todo que no he logrado sentarme a respirarlo, a mirarlo de afuera para juntar palabras que coherentemente lleguen en últimas a formar un post decente.

Este año, no es un secreto, ha sido –a falta de otra expresión– puaj! Pero entonces, la vida siempre tiene la forma de demostrar que siempre hay otro lado, que siempre estará mañana y que absolutamente nada es lo que es cuando se mira para atrás.

Fines de semana PERFECTOS, con un loco bailando a mi lado, con confesiones en medio de la pista extensivas a todos los otros lugares y situaciones, llenos de besos y felicidad pura; por primera vez en mucho tiempo sin miedo, sin dudas, sin sospechas de nada más y con la certeza de saber que existe la posibilidad.

También con la certeza de que ese grupito de personas que conocí hace unos meses, sumado a los grandes amigos de la “zona de confort, con comentarios confesionales de amor eterno y chispitas en los ojos sin UN error de ortografía (de gramática, tal vez), con tantas cosas que aprender de cada uno, hacen mi vida mejor cada día.

Con la piel de gallina y el ojo aguado, con mi hermano en el corazón y mi adolescencia, que casi la pude sentir como un sabor en mi boca, en mi mente, mientras no podía creer que lo viera ahí mismo, mejor que lo que lo vi desde los 12 o antes en incontables videos bailando de espalda y entregándolo todo. Cuando Lina cogía la escoba del salón y se paraba frente al tablero a imitarlo, bailando con el micrófono al ritmo de What’s the frecuency Kenneth? o las incontables noches de verano santiaguino viendo Ritmo de la noche hasta el amanecer con mi hermano, peleando por si esa canción era de B52’s o de ellos. Recordar por qué me gustaba tanto y sabía que tenía que ir al que fácilmente es el mejor concierto al que he ido y con la mejor compañía, porque estoy segura que no hubiera sido igual si no era con D. Orange Crush, Imitation of Life, The one I love, Loosing my religión, me las salté todas, las bailé todas, las sentí todas, porque no sólo fue lo que oí o lo que vi, fue todo lo que sentí y fue ahí cuando me acordé de lo importante que es todo y nada y lo bueno que han sido estos días, este mes, estos meses, esta vida, y lo agradecida y feliz que estoy con todo y contigo.